Solemos ir tan rápido en la vida que a veces nos olvidamos de nosotros mismos. Lo que no pensamos a menudo que hay ciertos momentos rutinarios en los que con solo tres minutos más podemos convertir un acto trivial en algo especial, como un ritual.
En el momento en el que comenzamos la mañana aplicándonos nuestras limpiadoras se puede aprovechar para realizar un leve masaje, bien manual o con algún producto especial concebido para ello. Existen en el mercado multitud de aparatos masajeadores que nos ayudan a realizar la aplicación de cremas más concienzudamente e incluso añadiendo un efecto tensor o de peeling.
Pero si no disponemos de este medio mecánico tenemos nuestras manos y la disposición para hacerlo bien. Podemos complementar ese momento con un poco de música relajante, de ese modo frenamos la prisa y nos desconectamos mejor del resto del día que tenemos por delante.
Luego llega el final del día, y aquí contamos con más elementos, el primero el psicológico, es decir, estamos cansadas de todo el día y nos apetece pararnos un poco y dedicarnos unos minutos más. Al ritual de masajes le podemos añadir un baño relajante, con alguna bola de aroma o sales de baño, con música incluida, esto siempre viene bien y separa momentos de agobio de momentos de relax.
Ponernos un pijama cómodo, con un olor agradable, suelto, que no se ajuste al cuerpo es el punto final de este ritual sencillo que se adapta a nuestro ritmo de vida sin problemas. No dudes en dedicarte unos minutos de más a ti mismo, el que no lo dedicas a ti lo haces por los demás y debemos compensarlo.

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